HISTORIA MEDIEVAL

LOS VISIGODOS. CABRA, SEDE EPISCOPAL

Durante la dominación romana, el primitivo núcleo construido sobre el asentamiento ibérico de la Villa Vieja se extendió al promontorio cercano conocido con el nombre de El Cerro. Este crecimiento urbano se mantuvo durante el periodo visigodo, de tal forma que la población estuvo asentada sobre los dos promontorios. Alrededor de ese núcleo principal de población se extendieron algunos pagos y villas donde se desarrollaba una importante actividad agrícola.

En medio de aquel panorama de crisis Cabra vivió una época de esplendor hasta el punto de que la vieja Egabro de los romanos se convirtió en un centro administrativo de primera importancia, ubicándose en ella la sede de una de las diócesis episcopales de la Hispania visigoda. La importancia del dato radica en que la existencia de una cabecera de obispado en Cabra, no sólo suponía un elemento de valor religioso, sino que dada la estructura existente, las sedes episcopales eran a la vez los centros administrativos y gubernativos de la comarca. Lo que sabemos acerca de la diócesis egabrense y de sus obispos está basado fundamentalmente en los datos que proporcionan las actas de los concilios de Toledo. Al II concilio de Toledo, celebrado en el año 589, acudió el obispo egabrense Juan, quien firmó en decimonoveno lugar entre los 72 asistentes. Otros obispos egabrenses fueron Deodato, contemporáneo de san Isidoro de Sevilla, a cuya jurisdicción pertenecía la diócesis sufragánea de Cabra, y Bacauda, quien rigió los destinos de la silla episcopal egabrense entre los años 648 y 671, asistiendo al VIII concilio de Toledo.

De su episcopado se conserva un valioso testimonio epigráfico: la piedra de consagración de un altar en honor de la Virgen María. Dicha consagración tuvo lugar el 30 de mayo del año 650. Este altar se encontraba emplazado en la actual iglesia de San Juan del Cerro, donde presumiblemente se asentó la iglesia episcopal egabrense, construida sobre las ruinas de un viejo templo romano que estuvo emplazado en aquel mismo sitio.

La jurisdicción de la diócesis egabrense se extendió por las tierras que hoy ocupan parte de la campiña de Córdoba, la comarca de la Subbética cordobesa y las tierras del Norte de la actual provincia de Málaga colindantes con Córdoba. Entre otras poblaciones, se encontraban : Lucena, Benamejí, Rute, Priego de Córdoba, Carcabuey, Zambra, Monturque, Aguilar, Montilla, Montemayor, Espejo, Castro del Río, Baena, Zuheros o Antequera.
Podemos afirmar que Cabra fue en la época de los visigodos la población más importante del sur de Córdoba desde el punto de vista religioso, político, administrativo y tal vez económico.

LA LLEGADA DE LOS MUSULMANES. LA CORA DE CABRA

Así pues, por razones de continuidad histótica Cabra se convirtió en capital de una provincia musulmana, cuyos límites eran algo menores que los del viejo obispado visigodo. Por el Sur, su territorio estuvo marcado por el río Genil, lo que significaba que las parroquias de la diócesis egabrense reclamadas en el II concilio de Sevilla por el obispo de Málaga, debieron pasar a esta jurisdicción. También le fueron amputadas algunas poblacione enclavadas en las Subbéticas, como fue el caso de Priego de Córdoba, Zuheros y Luque, que quedaron adcritos a la cora de Elvira(Granada). Por el Norte, la cora de Cabra 1legaba hasta Baena, Castro del Río, Espejo y Aguilar.

LA SOCIEDAD Y LA ECONOMÍA

La llegada de los musulmanes a Cabra supuso la aportación de un nuevo elemento étnico. El origen del colectivo invasor que se instaló en estas tierras era de origen sirio, siendo su relevancia numérica muy pequeña respecto al volumen de población indígena. A pesar de inferioridad, se convirtieron en la casta dominante y en poco más de un siglo habían impuesto a la mayoría de la población sus costumbres, formas de vida y creencias religiosas.

LA CULTURA. EL NACIMIENTO DE LA MOAXAJA.

Durante los primeros años de la conquista musulmana el nivel cultural de los antiguos habitantes de Egabro era muy superior al de los invasores -árabes, bereberes y sirios.

Hubo, durante ulgunos siglos una rica mezcla en las calles de Cabra, donde se combinaron las aportaciones de las dos culturas existentes: la de los mozárabes y la de los musulmanes. De ello tenemos uno de los testimonios culturules más importantes que se poseen acerca de esta situación en el conjunto de AL-Andalus, ya que las jarchas, es decir, la estrofa final de las moaxajas escritas en romance, fueron inventadas por un poeta de Cubra: Muqaddam ben Muafa. Poeta ciego, conocido por sus contemporáneos como al-Qabrí. La jarcha se difundió muy pronto por todo AL-Andalus y se convirtió en una de las manifestaciones -la más antigua de las que ha llegado a nuestros días de este mestizaje cultural.

Se produce el cambio de nombre para denominar a nuestra población, ya que las fuentes musulmanas utilizan la expresión Qabra. Este vocablo es una adaptación al árabe de la palabra Egabro, según la norma seguidu por los musulmunes de dar a los lugares la denominación que poseían con anterioridad, adaptada a su lengua.

LA CONQUISTA CRISTIANA. CABRA, LUGAR DE FRONTERA

Cabra había sido ocupada en el verano de 1240, probablemente el día 15 de agosto, festividad de la Asunción de María. Esta fecha quedaba confirmada por el hecho de que los cristianos solían poner bajo la advocación del santo del día la iglesia que erigían en el mismo lugar en que se levantaba la mezquita de la población que pasaba a su poder.

Frente a las tradiciones legendarias que hablan de cruentos combates para lograr la ocupación cristiana de las poblaciones musulmanas, la realidad fue que la resistencia ofrecida a los ejércitos castellanos fue escasa en la mayor parte de los lugares.