Por la avenida José Solís llegamos a la casa natal de D. Juan Valera, donde hoy se encuentra el Conservatorio de Música. Si continuamos nuestro caminar por esta avenida, llegaremos hasta la Plaza Vieja, cruce de caminos e inicio de la parte más antigua de la ciudad. Desde ella divisamos la calle José de Silva que nos lleva a la Iglesia de San Juan de Dios, capilla del antiguo convento de la Orden. Por esta calle y haciendo esquina con la calle Cervantes, se ubica el “Círculo de la Amistad”, por el cual no ha pasado el tiempo, parece que por sus pasillos pudiera aparecer en cualquier momento D. Luis, el feliz marido de Pepita Jiménez, protagonista de la obra valeriana. En un azulejo dedicado al autor, don Juan Valera, que se encuentra en el patio del recinto, podemos leer una maravillosa descripción de la casa casi plenamente ajustada a la realidad que en nuestros días podemos observar allí.

Volviendo a la Plaza Vieja, iniciamos otra vía de ese cruce de caminos. Nuestra mirada se deleitará ante el hermoso jardín que arropa la cuesta de la calle Mayor, la cual nos lleva hasta el Castillo de los Condes de Cabra, con su Torre del Homenaje. Construido sobre una fortaleza romana en época árabe, este castillo formaba parte de las antiguas murallas y albergó el Palacio de los Condes de Cabra. Más tarde fue convento de capuchinos y hoy lugar de enseñanza de las Madres Escolapias.

Plaza Vieja

En la cuesta, sujeta a una columna, podemos ver a “Tizona”, antigua espada del Cid, bajo ella reza la siguiente leyenda: “Por su gesta ante este castillo, moros y cristianos, llamaron Cid Campeador a Ruy Díaz de Vivar. Esta Tizona suya guarda su memoria”.

Al llegar arriba todo es diferente, un alma nueva de Cabra, una paz indescriptible, árboles inmensos, las palmeras, la puerta de Palacio, hoy Convento de las Madres Franciscanas que nos ofrece sus jardines mirando a la vega.

La Parroquia de la Asunción ocupa el centro de la plaza de la Villa Vieja, construida por los Hermanos de Calatrava sobre una antigua mezquita, sirviendo su minarete como torre para las campanas.

La Villa nos lleva al Cerro donde encontramos la Casa de Cayetano Muriel y sus típicas casas blancas, encaladas y engalanadas de flores, otra alma de Cabra diferente de las demás. En lo alto del barrio la Iglesia de San Juan Bautista nos ofrece otra pequeña joya, enclavada en la plaza donde la Cruz preside la vida del barrio.

Volvemos al centro por la Plaza de San Agustín donde la Fuente Cadenas se deleita con el paso del tiempo ante la Iglesia de las Madres Agustinas.


    

        






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